todo el cauce del río, en busca del niño que abandonó, al que nunca encontrará. Se dice que no sabe que ya murió. Va errante y llorando a lo largo de ríos, lagos, lagunas o incluso charcos, por cualquier lugar donde hay agua, persiguiendo al alma de su hijo, pero cuando lo va a rescatar de las aguas, este desaparece.
Fue el tercer hijo, era un parrandero y vago de un gamonal
de Escazú. Siempre echado de día, en las noches envolvía un yugo en cobijas, lo
ponía en la cama y se escabulla a parrandear. El padre furioso, y los hermanos
no mucho menos, le llevaron casi a la fuerza al monte, a "tapar"
frijoles. Apenas llegó a la finca se echó a sestear. Entonces ocurrió: el padre
le maldijo: "Echado y a cuatro patas seguirás por los siglos de los
siglos, amen". Y súbitamente se transformará en ese perro grande, adusto,
flaco, erizo que trota al lado de los parranderos que viven lejos y les acompaña
con su trotecillo ligero, triste y advertidor".
"Ah ¿No has oído su aullido venteando la muerte entre
los alarmantes cipreses de los cementerios aldeanos? El oye el pasar de las
almas que se van, el vuelo de las ráfagas del purgatorio y el aletear del Ángel
del Misterio".
La Tzegua, es un
personaje de una leyenda típica en Centroamericána, su origen es mesoamericána, y esta habla de un ser espectral que se aparece
por las noches a los que pasan por los caminos solitarios en la forma de una
mujer muy hermosa, a los cuales solicita ayuda para que la lleven a algún
poblado cercano. Una vez que la criatura ha subido al caballo (o vehículo, en
versiones modernas), se transforma en un ser horripilante con la cabeza de una
calavera de caballo, con la apariencia como si estuviera en estado de putrefacción.
El mito de la Cegua tiene un origen común y está relacionado con el
mito de la Siguanaba


